Los nacionalistas quieren que todos pensemos como ellos, y que lo hagamos creyendo que pensamos por nosotros mismos. Les gusta glorificar las diferencias, pero aborrecen verlas en la práctica y maldicen a quienes las toman en serio. Una de las maneras más eficaces de transmitir el nacionalismo es el humor y la bufonada; así se puede decir lo que no se toleraría de otro modo, y el nacionalismo va calando en la audiencia sin escándalo. Polònia, Crackòvia, APM, La Segona Hora… y ahora Com ser un bon catalá.
Lo escribe Quim Morales (si us plau, passi pel catalanitzador de cognoms), el “director” del programa de RAC1 que insultó a Carolina Punset por ser de Ciudadanos. Morales también funge en Minoria Absoluta, la productora del Comissari Soler (el que llama “colaboracionistas” a los catalanes libres de separatismo).
Entre muchas chorradas, en su “manual” para “alcanzar el nivel óptimo de catalanidad de forma sencilla” nos cuela que el “bon català” paga peajes, es fan de TV3, fue a la Cadena Catalana, se pega el adhesivo del CAT y el burro català, tiene un familiar “facha”, celebra el 1714, odia la COPE y cuelga esteladas.
Ahora ya sabemos cómo son los auténticos catalanes que venera la Forcadell. Como ven, tienen poco que ver con los catalanes de carne y hueso, y si los vieran los catalanes de hace una generación creerían que son marcianos. En el fondo, el nacionalismo es un invento que falsifica Cataluña según un patrón ideológico muy alejado de la realidad.
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